Cuerpo y alma de la ciudad.
Las puertas de los coches cerrándose de golpe. Los edificios altos, desafiantes. Cables de alta tensión.El cielo gris y blanco.
La gente caminando rápido, como semicorcheas huyendo de un pentagrama. Las calles pasan una tras otra.
Carteles de muchos tamaños y colores; te miran. Escaparates con unas personas muy delgadas y muy quietas. Olores.
Un hombre en bicicleta entre millones de coches que rugen y escupen humo, como dragones de muchos colores, pero todos ellos apagados.
Personas que caminan deprisa mirando al suelo, también gris, también apagado, tal vez como ellos mismos por dentro.
Pasa un chico con unas zapatillas muy muy azules, muy vivas; en ese momento cruzan la calle un grupo de ciclistas, todos ellos vestidos de azul, muy vivo.
¡Cuánto azul, qué bonito fue! Pero nadie se fijó en que también había un hueco azul en el cielo, porque todos están concentrados en sus asuntos y no se paran a mirar a su alrededor.
Pero hay mucho más. Hay muchas pequeñas tiendas, hay semáforos que gritan, hay árboles que no sé cómo han llegado a este lugar.
El enorme banco blanco y sucio donde yo estaba sentada, de piedra y frío. Hay muchas ventanas; muchos ojos.
Pasa mucha gente: unos con demasiadas bolsas, otros diciéndole cosas a unos objetos pequeños, con botones, y pantalla de cristal.
También hay niños, tantos como ancianosLes cuesta caminar. Hay una mujer que llora junto a otra que no sabe qué hacer.
También pasó una mujer joven, con unos zapatos incómodos e imposibles, la cara pintada,
y unas enormes gafas de sol; me apeteció decirle que ella era mucho más hermosa con unas deportivas y con su verdadero rostro, pero no lo hice.
Pasaba tanta gente por allí, tantos pasados y tantos futuros, y todos sumergidos en aquella masa gris. Me gustaría saber qué pensaba toda aquella gente, todos mirando al suelo…
Pero en ese instante algo sucedió. Era un hombre de unos treinta años, con una camiseta verde.
Caminaba despacio entre la multitud, con una expresión calma y satisfecha. Miraba hacia arriba con una sonrisa. Curiosa, seguí la dirección de su mirada…
Y él observaba que, en el cielo, entre lo gris, había un hueco, azul muy vivo.

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