La vida nos prepara sorpresas que jamás pensamos nos podrían suceder, pero algunas experiencias, por muy aterradoras que sean, sirven para edificarnos como personas honestas y sociables. ¿Dudas de esta afirmación? Lee el siguiente relato y comprenderás lo que te digo.
Me acabo de enterar que un viejo amigo está en una cárcel de seguridad en un milenario pueblo. Y bastante sorprendido pregunté la razón, del porque estaba preso. Me contaron una historia, que no le podía dar credibilidad, y decidí visitarlo en la cárcel.
Me atrevo a decir el nombre de este amigo, pues el mismo me dijo que eso no importaba, ya su imagen estaba desdibujada de manera injusta. Pero a criterio mío, menciono su nombre de “pilas” o su nombre real; pero no menciono ni describo el sitio donde sucedieron los hechos, de todos modos para protegerlo a él, e incluso a mí mismo. Pues el asunto está tan caliente que hay amenazas de muerte para mi amigo y para todo el que lo visite en la cárcel. Yo me enteré de todos los detalles, cuando lo visité un domingo en la tarde en su propia celda.
Mi amigo es un renombrado Ingeniero Químico, de una mediana fama en su pueblo, porque prepara unas cápsulas que han servido para dolores musculares y tienen un nombre reconocido en el mercado local.
Al llegar el pasado domingo 8 de marzo de 2009, hasta la celda donde está recluido, lo saludo y me disculpo con él, porque no me había enterado del asunto a tiempo, pues somos amigos de infancia y estudiamos juntos toda la preparatoria, la escuela y estudiamos en la misma universidad, él terminó Ingeniería Química y yo, me gradué en Administración de empresas. La pregunta central, se la formulo, después de saludarlo, le digo: “Tomas, ¿Por qué estas preso? ¡Cuéntame todo! Entonces, Tomas Antequera, inicia el siguiente relato:
(Amigo lector, por favor lea detenidamente y analice este suceso, sirve de experiencia)
Hacen 28 días estaba, en mi casa, preparando una crema para lanzarla como un nuevo producto, no tenía sueño y ya eran las 3:05 de la madrugada, en el primer piso de mi casa está mi laboratorio, es un sitio improvisado y tengo toda clase de productos químicos. Cuando estoy organizando todo, para irme a dormir escucho un ruido en el techo del segundo piso de mi vivienda, subo con cuidado, estaba sin zapatos con las medias puestas, al asomarme en el primer cuarto, donde duerme mi único hijo, de doce años; veo que han quitado las láminas del techo y están rompiendo el yeso del cielo raso, al observar esta situación sentí mucho miedo; sin embargo me llené de valor y bajé, nuevamente, para buscar algo con que defenderme, pero yo solo tengo tubos de ensayos, probetas, pipetas y muchos productos químicos, vuelvo a subir y veo que por el techo entra un hombre y apoyándose en una repisa, salta al piso. En ese momento siento a otra persona bajando por el mismo agujero donde había entrado el primer hombre, pero noto que esta otra persona es una mujer. Es decir, un ladrón y una ladrona. Empiezan a recoger todos los artículos que allí estaban, el reloj de pared, los patines en línea de mi hijo… En ese momento me acuerdo de un producto que tengo en mi laboratorio, (¿Qué producto es? Le pregunte) me responde: ¡Cloroformo!, es un químico que adormece a los seres vivos. Bajé con mucho cuidado y, con una mascarilla puesta, empape una toalla con este producto, cuando trato de volver a subir siento que el hombre viene bajando, y logro esconderme bajo la mesa de trabajo, cuando pasa junto a mí, le tapo la nariz y la boca, logro así dormirlo, profundamente. Lo dejo allí tirado. Pensé muchas veces subir, tenía un miedo espantoso, no sabía si la mujer estaba con otra persona. Al poco rato, que para mi fueron interminables, decidí subir y encuentro a la mujer que, en una caja, tenía muchos enseres y se disponía a salir por el techo, pero colocó la caja en el techo y regresó a buscar el acompañante, o sea el otro ladrón. Yo me escondo, en mi cuarto allí estaba mi esposa durmiendo… pero profundamente porque no había sentido, ni escuchado y respiraba con placer y muy relajada… la desperté muy despacio, pero ella se sobre saltó y me preguntaba que pasaba, pero en habla en voz alta, ella prende la luz y la mujer ladrona salta sobre la repisa, para escaparse por el techo… pero yo logro detenerla sujetándola por el pie… (Allí le replico, a Tomas, pero deja tantos detalles y dime ¿qué pasó? ¿Porque estas preso?, ¡respóndeme!) Y Tomas Antequera me dice: pero si te digo que estoy siendo procesado por secuestro no me vas a entender… déjame explicarte desde el principio. Yo me sorprendo y exclamo: ¡¿Secuestro?! Ahora sí que estoy confundido. ¡Aclárame eso, que no entiendo nada!