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La falsedad de Beijing

Este año los Juegos Olímpicos fueron un evento de clase mundial. Pese a las pequeñas trampas de los organizadores chinos (como el montaje en los fuegos artificiales y el play back de la niña de la inauguración), la verdad es que los juegos fueron espectaculares. En broma se dice que Beijing mostró sólo la cara bonita al mundo.

Una de dos, o el régimen chino es un perfecto estratega del engaño o la China comunista ha evolucionado hasta ser una maquinaria perfecta de organización.

Cambiando en gran medida la percepción, y llevándonos por lo visto de la ciudad China, la antigua Pekín -hoy conocida como Beijing- descansa al fin del impresionante ataque extranjero del que fue objeto.

Sus calles paulatinamente regresaran a la normalidad, de nuevo su contaminación alcanzará niveles casi criminales y la agitada vida continuará. Pocos sucesos extradeportivos que reportar, un ataque lamentable a un par de turistas donde falleció uno, y la deportación de unos cuantos activistas pro liberación del Tibet.

Sin atentados terroristas, revoluciones callejeras ni manifestaciones, tampoco deportistas lanzando consignas políticas o haciendo algún acto políticamente incorrecto.

A primera vista cada cual hizo lo que debía de hacer, los deportistas a competir, los comentaristas a narrar, las televisoras a ganar millones de dólares, los jueces a calificar, los espectadores a asombrarse con las competencias, y el régimen chino a mostrar sólo y únicamente lo que consideraba pertinente.

He escuchado a reporteros y comentaristas que en ningún momento sufrieron censura o maltrato por parte de autoridad china alguna. Que en general los dejaban trabajar libremente.

¿A quién quieren engañar? El régimen chino no requiere imponer por medio de órdenes o amenazas, sólo viendo los reportajes callejeros uno se da cuenta que las historias fueron superficiales, los atrevidos conductores de antaño hoy sólo mostraron historias comunes. Es más, hasta los cómicos que en mundiales y olímpicos pasados hacían el deleite de los televidentes por sus bromas pesadas a costa de los lugareños, en esta ocasión lucieron opacos y temerosos.

¿Notaron que en los reportajes nunca se entrevista a autoridad alguna? Ni policías ni funcionario alguno.

¿Notaron que no se presentó lugar publico, como una oficina de trámites, asistencia social, hospital, partido político u organización social?

¿Se dieron cuenta que pese a ser China un país enorme sólo se mostraron pequeñísimas fracciones de territorio, y un gran porcentaje de Beijing y sus alrededores?

Tomando en cuenta el problema del idioma, los chinos de a pie se veían poco interesados en participar e interactuar con los extranjeros. De carácter más bien reservado, chinos y chinas huían o ignoraban cámaras y micrófonos.

No se planteó nunca a ningún entrevistado ni una sola insinuación a abordar temas de interés común, como política, seguridad, religión, sexo o estilo de vida.

Entonces, ¿qué nos queda fuera de lo deportivo de Beijing 2008? Un tibio acercamiento a la China, una temerosa visita a un país con mala fama. Nada más.

Esperaremos 4 años, tal vez los próximos Juegos Olímpicos sean menos impresionantes, tal vez carezcan del despliegue técnico, humano y de recursos que tuvo China, pero de lo que sí estoy seguro es que serán mucho, pero mucho más relajados para sus visitantes.

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