La raza San Bernardo es una de las más grandes que existen y sus cuidados no son pocos. Sin embargo, esto lo compensa siendo una excelente mascota.
Su vida gira en torno a los cadáveres, que detectan a kilómetros y se disputan con sus compañeros con una agresividad proporcional a su apetito.
El cuidado y dedicación hacia este bello ser, transmitidéndonos su canto y dulzura.
Pero lo que más sorprende es que la hembra pone huevos semejantes a los de un reptil, luego los calienta como una gallina y los amamanta como un mamífero.