Si la ves de lado y muy avispado te atrae desviado, jadeando y babeando por verla bonita, pecas.
Al igual que un Quijote hidalgo en mi caballo de las emociones, me pierdo en las telarañas de mi mente y mi corazón apagando mi eterna luz de esencia propia…
Dicen que los hombres no leemos. Tú y yo somos la mejor prueba de que eso es mentira.
Hablemos un rato respecto a tu marido. De antemano te digo que lo voy a defender. No porque quiera hacer el papel ridículo de protector masculino.