Hoy me olvido que estoy en el desierto. Mi hijo menor, que quiere ser escritor, me hizo conocer al francés Breton (sabía que existía pero nunca me interesó), quien propuso el sistema de la “escritura automática”, base del llamado surrealismo de principios del siglo 20. Con esa idea me senté frente al teclado y esto me salió.
Un estado de desasosiego propio del hombre de este siglo, agobiado por las imposiciones de los medios que le impiden disfrutar de las maravillas de la vida.