Tragicomedia policial en blanco y negro.
Personajes por orden de aparición:
Viernes ocho, dos y media de la tarde. Años ‘50. Película de detectives estilo film noir. El escenario representa la oficina de un detective privado. Una puerta justo en el medio de la pared frontal que tiene inscripto sobre ella: “DETECTIVE PRIVADO” En la sala anterior ubicada a un costado de la puerta, tres escritorios individuales sobre los cuales hay: una maquina de escribir, sellos de goma, lapiceros, papeles al por mayor, fotografías, carpetas, sobres, un teléfono, boligoma y pincha papeles. Cosas comunes de una oficina común de un detective normal de los años ‘50…
El Relator: (Voz en Off) Día agitado en la oficina… los casos inconclusos no son usuales y cuando alguno queda sin resolver, lo nervios invaden al detective… mucho calor, un crimen, miles de preguntas y ninguna respuesta aun…
El Detective: (Sentado en su oficina fumando un cigarrillo completamente relajado. Acciona con suma paciencia) Había sido un medio día cualquiera, de un día normal en mi vida. Salí de mi oficina temprano a tomar unas fotografías de un caso en el que estoy trabajando, nada fuera de lo común: amoríos… policías corruptos… uno que otro asesinato. Nada fuera de lo común… (Medita unos segundos) Despedí a mis secretarias como siempre, recorrí las calles como siempre y tome el café en el mismo bar de todos los días. Noticias comunes de primera plana: Hotel Harrison: ¿Crimen pasional o error de cálculos?
Aparentaba ser un medio día cualquiera de un día normal en mi vida de trabajo hasta que un suceso inesperado lo cambió todo. Volví con el mismo recorrido, subí las escaleras, atravesé el pasillo y cuando entré a mi oficina, encontré al chico del correo. (Se enciende un cenital que muestra al cartero con un manojo de cartas en la mano) ¡No! No la correspondencia en la mano como sería de esperar. (Funde a negro el cenital del cartero)