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Los cantores negros del spirituals

Una agrupación de esclavos recién liberados se gana la admiración de todos cantando los viejos cantos de los negros y le dio mucha riqueza al mundo de la música.

En el Coliseo de Boston, en el año de 1872, un reducido grupo de cantores negros, insignificantes entre los miles de músicos que tomaron parte en aquella función, cantó un himno patriótico que cautivó a los espectadores y causó prolongados aplausos y gritos de admiración. Algunos músicos quedaron petrificados, y más aun, olvidaron tocar la sección que les correspondía en el coro. Johan Strauss, con el violín en la mano, hacía de director motivado por el entusiasmo.

Pero este solo fue uno de los muchísimos triunfos de esos cantantes melodiosos que con sus spirituals, nombre que se les da a los cantos religiosos de los negros norteamericanos, cautivaron a los espectadores de dos continentes.

Se bautizaron como los “Cantores Fisk del Jubileo”, y habían sido esclavos unos cuantos años atrás.

Cuando finalizo la guerra de secesión fue fundada en Nashville, en el estado de Tennesse, la Universidad de Fisk, para dar educación a la población negra que hacia poco había salido de la esclavitud. Para poder establecerse se adecuaron las instalaciones de un hospital militar en las cercanías, como así también se mejoraron salas especiales para dormitorios. Había poco dinero, y para la adquisición de textos de estudio se vendió, en el mercado de hierro viejo una gran cantidad de esposas y grilletes que aun permanecían en las barracas abandonadas en donde se acostumbraba a encerrar a los esclavos.

George White, quien era su maestro de música, sentía la falta de dinero, y no teniendo la universidad como comprar los instrumentos, decidió este formar un pequeño coro de canto que muy pronto atrajo la atención y los aplausos de todos los pueblos vecinos.

Pero deseaban mas, y reuniendo todo el dinero que tenían, todo lo que la universidad podía aportar y todo lo que se logro conseguir en prestamos, se fueron al norte a realizar conciertos empujados por la esperanza de obtener algunas ganancias. Mas durante algunas semanas esta empresa fue un rotundo fracaso. En su primer concierto, que fue en Ohio, se recolectaron menos de 50 dólares. En otro pueblo, una semana después, no cantaron porque no se vendieron mas que 20 boletos.

En un comienzo, los cantores cantaban solamente música de blancos, con lo cual no tuvieron éxito, pero cuando empezaron a concentrarse en los melancólicos y conmovedores spirituals, que en esos tiempos se les llamaba “canciones de esclavos”, produjeron honda impresión en los espectadores blancos.

Eso empezó en una conferencia religiosa celebrada en una iglesia de Oberlin, en el estado de Ohio. El presidente de la conferencia acepto de mala gana que White y su coro se sentaran en el último lugar, detrás del coro, y les dio autorización para, en caso de producirse algún silencio prolongado en las audiencias, podrían cantar algo. Cuando caía la tarde, los delegados, cansados empezaron a declinar en sus alocuciones y a permanecer mas tiempo en silencio durante cortos intervalos, y fue en uno de estos silencios cuando las notas melodiosas y conmovedoras brotaron de la nada en un himno. La belleza del canto y la profunda emoción con que el coro de negros entonaban la canción emocionaron a los delegados.

Desde ese momento el coro de Fisk canta casi exclusivamente spirituals, los que eran muy bien recibidos y les generaron mucha reputación. Pero las entradas eran muy pequeñas. Se acercaba el invierno y tan solo dos de los cantores tenia un abrigo, y todos necesitaban zapatos nuevos.

En Nueva York y Nueva Inglaterra el coro fue recibido con mayor entusiasmo y fueron objeto de muchos regalos. Después de una semana en Connecticut la ganancia que obtuvieron fue de mas o menos 3900 dólares.

En Nashville ya contaban con 20.000 para la universidad y el coro canto luego en la Casa Blanca en donde el presidente Grant estrechó, con afecto, la mano de todos los cantores.

Después vino el mayor de los logros, ya que en Europa maravillaron a quienes los escucharon, desde los niños hasta los ancianos. Y durante un concierto dado en Alemania, en donde los críticos musicales más notables ocuparon los primeros asientos, los cantores se agruparon como siempre, con las cabezas juntas e hicieron su mejor esfuerzo. Comenzó levemente, como de la nada, sin que nadie pudiera decir cuando empezó. El asombro de los críticos reflejó inequívocamente que habían triunfado.

Se ganaron la admiración de medio mundo y para cuando regresaron la universidad contaba, en sus fondos, con mas de 150.000 dólares.

Pero más importante que esas ganancias, los spirituals, gracias a los primeros Cantores del Jubileo, han aportado una gran riqueza al mundo de la música.

Basado en un texto aparecido, en los años 40, en “El Heraldo Misionero”.

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