La magia de la tecnología saca a la luz un don insospechado.
La última Navidad una de mis amigas le regaló a mi hijita, de 10 meses de edad, un pianito de juguete. Es pequeño, de no más de treinta centímetros, amarillo, con forma de mariposa y tiene cinco caritas de animalitos encima de las ocho teclas: do, re , mi, fa, sol, la, si, do. Los animalitos y las teclas hacen lindos soniditos. Ya se imaginarán el boom k causó ese artefacto; mi pequeña era y sigue siendo la más entusiasta, los adultos no nos quedamos atrás y sus tíos, tías y yo mismo tecleabamos notas sin sentido imaginándonos ser grandes concertistas. Mi esposa es la que pone orden a todo ese caos.
Una tarde vi a mi hermana tocando el pianito, sabia que en el colegio había tomado clases de música por lo que no me admiró que empezara a escucharse una música muy melodiosa y relajante que me gusta muchísimo; cuando terminó le dije que me lo enseñara y ella asintió con la cabeza al tiempo que me decía: aprende. Una vez más en la sala de la casa se escuchó la misma música relajante. Le dije que no vaya tan rápido porque soy medio lento para aprender esas cosas y ella, como es tan impaciente, me dijo que ya no tenia tiempo, y se fue dejando el aparato en mis manos. A los días de ese evento estaba solo en casa y vi la mariposita musical, me acerqué, la cogí y comence a jugar con sus coloridas teclas.
De pronto para mi sorpresa la misma música que mi hermana había estado entonando y que tanto me gustaba comenzó a salir de allí. Mis dedos golpeaban en orden correlativo el do luego el re llegaba al mi y luego continuaba en sentido inverso y la música no dejaba de fluir armoniosamente, me sentí un Chopin, un Mozart, no se, creo que hasta el maestro Kenji de Habacilar. Por un mágico y fugaz momento concluí que era Dios quien me había dado aquel mágico don. Me preguntaba cómo era posible que de la nada pudiera tocar tan bien.
Dos segundos después me di cuenta de lo que en verdad pasaba. El bendito piano-mariposita estaba programado para reproducir esa y otras músicas de acuerdo a una secuencia específica de teclas apretadas y que yo por casualidad activé sin darme cuenta. Ahora el pianito tramposo me gusta mucho más. Lo considero un aliado para mis limitaciones musicales, y como ya se el truco no me preocupo que tecla apretar porque siempre saldrá la misma música: esa que tanto me gusta.