Historia y crítica de la pintura de Adolph Menzel.
Dando un paseo por la Nationalgalerie de Berlín me encontré tantas maravillas que podría vivir ahí.
Todo empezo un miercoles cuando sali temprano de la notaria e invite a Adalie (una ocasional pasante berlinesa de la notaria) a cenar y de ahi a la Nationalgalerie, que algunos dias permanece abierto hasta altas horas de la noche. La lleve a un lugar que habia descubierto durante la semana: se llamaba el “Alt Luxembourg”. La comida resulto magnifica, en vista que he perdido mas de treinta kilos pues aparte de estar a dieta, pues se acerca el verano, y ademas no tengo tiempo para disfrutar lo que me gustaria.
Mientras Adalie me platicaba lo dificil que es hacer el Examen de Estado para convertirse en Abogada y mientras el violinista del restaurante interpretaba “La Danza de las Horas”, yo estaba perdido saboreando mi Pouilly Fuisse 2004, una ensalada de couscous, una pechuga de ternera en salsa de moras, ajo y perejil y una exquisita tarta de queso y frutas con helado de vainilla y avellanas acompagnada de mi espumoso favorito: un Asti! Un te de menta y un cigarrito Davidoff para terminar (por cierto que estos cigarros, los Rolls Royce de los cigarros, estan por llegar a Mexico esta semana, me comento un amigo que trabaja en British Tobacco).
A eso de las nueve de la noche entramos a la Nationalgalerie bajo una iluminacion espectacular. Adalie lucia esplendida en su mismo traje negro. Adalie se reia porque conforme mas me platicaba hablaba mas y mas rapido y menos entendia lo que me decia y solo le decia que “si ” a todo. Entre a ver solo un cuadro sobre el que habia leido tanto y me encantaba. Al final iba a comprar una litografia enorme del cuadro que hoy adorna mi oficina.
Se trata de “El Concierto de Flauta” de Adolph Menzel de 1850:
Menzel muestra en este lienzo una velada musical con Federico II, muerto hacia un siglo. Reproduce la escena con la mayor fidelidad posible, traduciendo los deseos de sus contemporaneos prusianos, que sognaban con un monarca poderoso que se identificara con el “sentimiento nacional del Pueblo”.
El joven monarca Federico II viajo una vez a Holanda al principio de su reinado. Como queria pasar de incognito, se adelanto a su cortejo con dos servidores y se hizo pasar por un flautista de viaje. Al llegar a una posada a Amsterdam pidio que le trajeran unas empanadas, pero la posadera dudaba que pudiera pagar. Sus compagneros contestaron que el Segnor era un virtuoso y podia ganar en una hora mas que el precio de diez empanadas. Entonces la posadera pidio que tocara y Friedrich ejecuto una pieza. Admirada por la belleza de la musica, prometio meter las empanadas inmediatamente al horno.