Lo que me dejó “El curioso caso de Benjamin Button”.
Cuando terminé de ver la película ”el curioso caso de Benjamin Button” tuve la sensación que a todos los que estábamos en el cine, se nos cruzó por la cabeza la idea de que hacer si fuéramos nosotros Benjamin. Que hacer si simplemente en vez de envejecer, fuésemos caminando hacia una niñez cada vez mas despojada de recuerdos. Seguramente las respuestas serían tan diversas, como maneras y eperanzas de vida tiene cada uno; mezcladas con el inevitable temor a la muerte.
Algunos pensarán en la ventaja de no sufrir dolores de huesos, reuma, y todas las cosas que traen aparejadas la vejez; personalmente si el precio es olvidarse de todo lo vivido prefiero sufrir todos los dolores del mundo y disfrutar de los beneficios de la experiencia.
Negar que algunos o la mayoría de nosotros se pasa la vida buscando el verdadero amor es imposible, como también es imposible negar que esa búsqueda es más fuerte en nuestra juventud. Algunos me podrán decir que para el amor no hay edad y tienen razón, pero hablo de la pasión inevitable que viene adherida a la falta de eperiencia, a la energía de descubrimiento que solo se da en la juventud. Pasado ese momento nos distraemos en busca de dinero, nos rodeamos de compañeros de trabajo, nos volvemos seres casi eesponsables cumpliendo un horario e intentando acomodar el amor a nuestros ratos libres, nos cargamos de frases hechas en telenovelas, y la mayoría de las veces convertimos nuestros romances en relaciones cínicas y ocultas que solo van en busca de nuestro provecho.
Por eso si tuviera que elegir entre morir de viejo, o retroceder como Benjamin Button no elegiría ninguna de las dos cosas; elegiría permanecer joven….por siempre….hasta el día de mi muerte.
Curioso sabes, yo me pregunté lo mismo después de llorar como una Magdalena cuando el bebito cerró los ojos para dormir para siempre. En lo personal tuve la sensación de que la vida había pasado por mis ojos. Una sensación extraña, algo que hasta el momento no he podido descifrar. Si lo hago, te cuento…jejeje