Su enorme afición a la pintura lo condujo a dejar la noble casa y colocarse como aprendiz de maestros de segunda categoría. En poco tiempo se destacaría y se haría de un nombre, ya que sólo cuando tenía 21 años, el gremio de pintores de Amberes lo reconoció como “maestro”.
A los 32 años se caso con Isabella Brant, de tan solo 18 años, hija de un importante hombre de Amberes, y de esa unión nacieron tres hijos. Diecisiete años después de feliz matrimonio, Isabella murió de manera repentina dejando sumido en la pena a Rubens. Para distraerse de su perdida, acepto un puesto de embajador. Rubens era poseedor de un cultivado talento, muy educado y extremadamente persuasivo a la hora de hablar, y su proceder lo hizo ocupar un lugar destacado entre los mas capacitados negociadores de su época. Incluso midió su talento con el mas talentoso de todos, el cardenal Richelieu de Francia.
Siguió pintando, y en ese ambiente, las labores como embajador se vieron favorecidos al conocer, de sus mismos modelos, confidencias e informaciones muy valiosas para su causa. En esas circunstancias se encontraba el duque de Buckingham y al parecer le comento a Rubens que los ingleses verían con agrado un arreglo de sus desavenencias con España. Para Rubens eso no quedo en el vacío, y lo comento a los oídos precisos, y poco tiempo después recibió el encargo de gestionar, en la corte de Felipe IV de España, y luego en la de Carlos I de Inglaterra la avenencia, lo que consiguió después de meses de una labor discreta y elegante. Ambos rivales premiaron a Rubens con títulos nobiliarios.
Cuando habían transcurrido cuatro años desde la muerte de su esposa, Rubens se enamoro de Helena Fourment, una muchacha de 16 años, con la que se caso. Pinto mas de 15 retratos de ella y daba la impresión que nunca se cansaba de inmortalizarla en la tela, porque le servia, además, para modelo de muchos cuadros de temáticas religiosas o mitológicas.
Tiempo después, a Rubens le era imposible ejecutar por si mismo todos los encargos que recibía, y para solucionar el problema puso a trabajar a otros pintores en una verdadera línea de trabajo. Todos hacían alguna parte de cada cuadro y los toque finales los ejecutaba el mismo Rubens imprimiéndole a las pinturas el toque final de su genio. Todos los pintores eran generosamente recompensados y entre ellos había muchos excelentes artistas y colaboraban con mucho gusto con el maestro.
Rubens nunca engaño a nadie con sus obras, y en el memorando enviado a quien encargaba la pintura, detallaba quien había pintado cuales partes y el valor final de la obra.
Al final de sus días, Rubens padeció de gota, mal que le deformo las manos, y a veces le hacia imposible sostener el pincel. Sin embargo, es a este periodo que pertenecen sus mejores cuadros. Rubens murió cuando tenia 62 años y fue capaz de unir el arte de la pintura con el arte de la vida.
Me encantó!!!! Yo soy amante del arte en general y siempre que leo algo sobre un verdadero artistas mi corazón tiembla, y con mucho respeto me quito el sombrero y hoy lo hago a la memoria de Rubens….Gracias por llevarme a su vida por unos instantes!!
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