La arquitectura funciona como contenedor del espacio…

“Espacio” puede significar muchas cosas y no es un término nuevo dentro de la teoría de la arquitectura. De hecho, el espacio, aún cuando está relacionado con las actividades y acciones del hombre, no es homogéneo, sino que se distingue por una serie de diferencias cualitativas y opuestas entre sí. El espacio se define de acuerdo a sus propios límites, y a lo que contiene dentro de los mismos. Así la arquitectura puede considerarse como contenedor de dicho espacio; sin embargo, esta conceptualización va más allá de meras formas físicas y palpables. El espacio es igualmente contenedor de acciones humanas. Dentro del espacio se lleva a cabo todo lo relacionado con la vida cotidiana, a lo que él nombra como el “fenómeno”. Este fenómeno implica cualquier actor involucrado en esta cotidianeidad; elementos tan diversos como la gente, los animales, los árboles, el sol, el agua, etc. que finalmente interactúan en un mismo espacio.
El fenómeno se conforma por la interactividad de los elementos que lo conforman, lo que quiere decir que éstos no se encuentran aislados del resto. Incluso existe una suerte de compromiso entre dichos actores, donde unos son contenedores y otros son contenidos. Esto quiere decir que los roles de cada actor dentro del “fenómeno” son diferenciados por la propia relación que existe entre ellos. “En general puede decirse que algunos de los ‘fenómenos’ conforman un ambiente para otros”.
La arquitectura en general, no sólo se conforma por un complejo entramado de sistemas espaciales, sino que en su interior se alojan relaciones sociales igualmente complicadas, el objeto arquitectónico se vuelve el contenedor del binomio espacio físico-espacio social en sí mismo. El espacio es capaz de producir una o varias sociedades, y a la vez el mismo espacio está siendo construido por aquellas relaciones sociales que lo conforman, Se establece así una dialéctica entre la incidencia social sobre la creación del espacio y la influencia del mismo en lo concerniente a la conformación de dichas sociedades. La cultura humana es inherente al espacio dentro de su propia expresión, aunque muchas veces no se le considera de esta manera. Retoman un acercamiento topológico estableciendo así el análisis de un “espacio sintáctico”, que trata la arquitectura “humana” como un sistema“meta-lingüístico”. Esto es, la arquitectura es un sistema de signos: una forma simple de lenguaje.
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